Búsqueda personalizada

lunes, 23 de marzo de 2009

1670: La fundación de los observatorios de París y Greenwich


El Observatorio de Greenwich en una pintura de Thomas Hosmer Shepherd (1824). | Wikipedia commons.

El Observatorio de Greenwich en una pintura de Thomas Hosmer Shepherd (1824). | Wikipedia commons.

  • Con motivo del Año Internacional de la Astronomía, Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional, nos invita a un recorrido por los hitos cruciales de estos cuatro siglos de historia del telescopio.
Los dos primeros observatorios astronómicos 'modernos', el de París y el de Greenwich, fueron fundados con criterios muy diferentes. Luis XIV crea el observatorio de Paris en 1667 con el objetivo de mejorar el conocimiento sobre el Universo, mientras que Carlos II crea el observatorio de Greenwich en 1675 con el objetivo específico de perfeccionar las técnicas de navegación. Estos observatorios permanentes son una plataforma excepcional para el desarrollo de instrumentación astronómica y para abordar tareas de gran envergadura (confección de grandes catálogos, mapas y todo tipo de observaciones sistemáticas). El modelo se irá extendiendo a lo largo de los siglos XVIII y XIX hasta que toda capital importante tenga su observatorio.

Tales observatorios 'urbanos' jugarán un papel esencial hasta bien entrado el siglo XX cuando la contaminación lumínica desencadenó el éxodo de los nuevos telescopios hacia lugares remotos.

Astronomía física y astronomía naútica

El Observatorio de París y la torre de Marly en 1705.

Ampliar foto

El Observatorio de París y la torre de Marly en 1705.

Luis XIV y su ministro Colbert concibieron el observatorio de París como un centro de trabajo de la Académie des Sciences recién fundada. Todo astrónomo de la Academia podía acudir al Observatorio para realizar observaciones, y si necesitaba una subvención para comprar o mantener instrumentación, tenía la opción de solicitarla a la propia Academia, al Rey, o a algún otro mecenas. Desde 1669, fecha en la que Giovanni Domenico Cassini (1625-1712) se instala en París, hasta 1793 se suceden al frente del observatorio las cuatro generaciones de Cassini que efectúan trabajos de gran trascendencia tanto en astronomía como en geodesia.

El Observatorio de Greenwich fue fundado en 1675 por Carlos II con el fin específico de mejorar las técnicas de navegación. Sobre todo se trataba de resolver el gran problema de determinar, mediante métodos astronómicos, la longitud geográfica de un barco en el mar. El Observatorio de Greenwich, por tanto, se encuentra ligado desde su origen a la llamada astronomía náutica y a la medida precisa de las coordenadas geográficas y del tiempo. John Flamsteed (1646-1719) fue el primer astrónomo a la cabeza del observatorio (el primer Astrónomo Real). Las observaciones acumuladas por él durante casi medio siglo acabarían publicándose póstumamente en 1725: un gran catálogo con las posiciones de 3.000 estrellas.

Naturalmente esta división entre la astronomía "básica" (o "física") estudiada en "París" y la astronomía náutica estudiada en Greenwich, no es completamente dicotómica y ambos observatorios se ven involucrados en su primer siglo de existencia en trabajos de astronomía de todo tipo.

Cassini.

Cassini.

Observatorios y construcción de instrumentos

Los observatorios pronto se revelan como una plataforma privilegiada para el desarrollo de instrumentación científica. En el tiempo de la fundación de los observatorios de París y de Greenwich, los telescopios refractores experimentan una gran evolución. A finales del XVII, a las pequeñas lentes de algunos centímetros de diámetro, pronto suceden las lentes de gran longitud focal (para disminuir la aberración esférica) y de hasta 15 centímetros de diámetro que se sitúan, sin tubo, en el tejado del observatorio, o en un andamio, mientras que el observador permanece en el suelo buscando la imagen con el ocular en la mano.

En el observatorio de Paris se instala la gran torre de Marly. Originalmente era una torre que soportaba un depósito de agua cerca de Versalles, pero tras su traslado al observatorio se equipó con una escalera y una balconada que permitían la instalación de los objetivos de los grandes telescopios aéreos utilizados por Giovanni Domenico Cassini y sus colegas.

John Flamsteed.

John Flamsteed.

La necesidad de mayor precisión en las medidas astrométricas conduce al perfeccionamiento de grandes cuadrantes de observación que se instalan en las paredes de los observatorios, orientados según el meridiano, y que se equipan con micrómetros (inventados por el inglés Gascoigne en 1638). Finalmente,estos grandes cuadrantes desembocarán en la construcción de anteojos meridianos. Pero habrá que esperar hasta finales del XVIII, a que Jesse Ramsdem (1735-1800) invente un método para dividir el círculo de medida con precisión mediante la realización de una graduación mecánica, para asistir a la fabricación de telescopios de precisión y de grandes sextantes.

Por otro lado, los observatorios jugaron un papel muy importante en el avance en la construcción de relojes, lo cual era imprescindible para poder medir tiempos con precisión suficiente (en particular los periodos de rotación y de traslación). Los relojes de péndulo inventados por Huygens serán perfeccionados de manera continuada a lo largo del XVII y del XVIII. La combinación de un telescopio meridiano con uno de estos relojes es el instrumental básico imprescindible para las observaciones de astronomía de posición.

Curiosidades

* Ambos modelos de observatorio astronómico, el de Greenwich (náutico) y el de París (físico) serán adoptados en España casi un siglo después: si el observatorio de San Fernando (Cádiz) se funda en 1753 con unos objetivos claramente orientados hacia la astronomía marítima, el de Madrid, creado en 1790, obedece a los deseos de la corte por aumentar el conocimiento científico en materia de astronomía.

* Desde que Cassini se instala en París, en 1669, se especializa en el estudio de Saturno utilizando telescopios progresivamente más largos (¡el último medía más de 40 m!). Así descubre cuatro satélites nuevos que se suman a Titán (descubierto por Huygens en 1656) y la división de los anillos conocida por división de Cassini.

* En el Observatorio de Greewinch se construyeron en 1676 dos enormes relojes con péndulos de 4 m de longitud y oscilaciones de 2 segundos.

* Cassini estimó la distancia al Sol en 140 millones de km (unos 10 millones menos que su valor real), una medida mucho más precisa que la de los griegos, que era la única de la que se disponía hasta entonces (8 millones de kilómetros). También estimó las distancias de la Tierra a Marte, Venus, Júpiter y Saturno y los tamaños de estos últimos. Cassini puso así a la Tierra en su lugar de pequeño planeta en el contexto del sistema solar.

* La determinación de la longitud geográfica en el mar (mediante la observación meridiana) necesitaba de un reloj estable. Pero los péndulos no valían debido al movimiento irregular de los barcos. Inglaterra acabaría, en 1713, ofreciendo un premio de 20.000 libras para el mejor cronómetro que mantuviese de forma estable la hora de Londres en el mar. El premio lo ganó el fabricante de instrumentos John Harrison (1693-1776).

* Flamsteed observó Urano en 1690, pero creyó que era una estrella. Este planeta sería identificado como tal por William Herschel en 1781.

Seguir leyendo...

viernes, 20 de marzo de 2009

sobre el aborto

EL ABORTO NO ES 

"SALUD REPRODUCTIVA"

 

El Papa se hace portavoz del sufrimiento de las familias a causa de la pobreza

LUANDA, viernes 20 de marzo de 2009.- Benedicto XVI afirmó este viernes en la capital angoleña que el aborto constituye la supresión de una persona, motivo por el cual no puede ser disfrazado de instrumento de "salud reproductiva".

Asimismo, el Papa se convirtió en abogado de las dificultades que atraviesan las familias africanas a causa de la pobreza, en el discurso que pronunció en el Palacio del Pueblo, residencia del presidente de Angola, José Eduardo dos Santos, en presencia de las autoridades angoleñas y de los representantes del cuerpo diplomático en Luanda.

La familia, denunció el Santo Padre, "también aquí la familia está sometida a muchas presiones: angustia y humillación causada por la pobreza, el desempleo, la enfermedad y el exilio, por mencionar sólo algunas".

 

Para el obispo de Roma "es particularmente inquietante el yugo opresor de la discriminación sobre mujeres y niñas, por no hablar de la práctica incalificable de la violencia y explotación sexual, que provoca tantas humillaciones y traumas".

El sucesor de Pedro confesó que hay otro aspecto que le preocupa particularmente: "las políticas de aquellos que, con el espejismo de hacer avanzar el 'edificio social', minan sus propios fundamentos".

"Qué amarga es la ironía de aquellos que promueven el aborto como una atención de la salud 'materna'", subrayó.

"Qué desconcertante resulta la tesis de aquellos para quienes la supresión de la vida sería una cuestión de salud reproductiva", señaló, citando al Protocolo de Maputo (art. 14).

Por su parte, aseguró, "la Iglesia se encontrará siempre, por voluntad de su divino Fundador, cerca de los más pobres de este continente".

"Puedo aseguraros que, a través de las iniciativas diocesanas y de innumerables obras educativas, sanitarias y sociales de diversas órdenes religiosas, seguirá haciendo todo lo posible para ayudar a las familias - incluidas las afectadas por los trágicos efectos del sida - y para promover la igualdad de dignidad de mujeres y hombres, sobre la base de una armónica complementariedad", concluyó.

              

Certezas empíricas sobre el aborto


Me encantaría que hubiera una ley natural. Tranquilizaría mi ánimo, angustiado por la finitud, tener la certeza de que el universo posee un cierto orden moral, pero reconozco que ninguna defensa de esta tesis me ha convencido. Las llamadas leyes de la naturaleza son otra cosa; hipótesis provisionales que explican por qué, en determinadas circunstancias, tienden a producirse determinados fenómenos, y son válidas hasta la aparición de nuevas hipótesis que puedan explicarlo mejor. O sea, que ni siquiera las leyes de la naturaleza existen en la naturaleza. Son meros enunciados de la ciencia, y las ciencias adelantan que es una barbaridad, sin que ello implique adelanto o progreso moral, que puede haberlo, aunque no a consecuencia de los descubrimientos científicos.


Pero hay un ámbito de certezas empíricas que ni siquiera necesitan esperar a los descubrimientos para justificarse. Por ejemplo, los griegos pensaban que el embrión humano era una semilla de origen exclusivamente masculino que el varón plantaba en el receptáculo de la hembra, no más importante a efectos de la generación que un tiesto con tierra y abono. Los pastorcillos vascos hablaban de cuajo y de leche genitales, cuya mezcla producía embriones como porciones de queso El Caserío. Pero ninguna de estas embriologías empíricas afirmaba que de un embrión humano pudiera salir algo distinto que un ser humano.

Es una certeza empírica —no una moral religiosa- lo que define el aborto como un homicidio. Y, mira por dónde, va a resultar ahora que la religión es el último refugio de certezas empíricas relacionadas con la vida humana, necesarias para preservar la diferencia entre la civilización y el parque zoológico. Por ejemplo, que en el embrión alienta una voluntad de plenitud y de forma que le lleva a completar en nueve meses todo el proceso de la filogénesis (en el caso del embrión humano, el de la filogénesis humana). El progresismo arguye que la humanidad no es algo innato, sino el resultado de una convención cultural y, por ende, jurídica. Se empieza, precisamente, por ese escarceo culturalista con la posibilidad de negar humanidad al embrión humano. De ahí a concedérsela a los gorilas no hay ni medio paso hacia el zoológico, y se acabará dando, con certeza (de momento, moral).

Jon Juaristi
http://www.elimparcial.es/sociedad/certezas-empiricas-35053.html

        

 

«El ser humano debe ser respetado y tratado como persona

desde el instante de su concepción y, por eso, a partir

de ese mismo momento se le deben reconocer los

derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable

de todo ser humano inocente a la vida».

Juan Pablo ii, Evangelium vitae, 60


«El aborto provocado es un acto intrínsecamente

malo que viola muy gravemente la dignidad de un ser

humano inocente, quitándole la vida. Asimismo hiere

gravemente la dignidad de quienes lo cometen, dejando

profundos traumas psicológicos y morales (…) Es un

deber de estricta justicia prestar a la mujer que espera

un hijo el apoyo personal, económico y social que

merece la maternidad como valiosísima aportación al

bien común».

Conferencia Episcopal Española, La familia, santuario de la vida 

y esperanza de la sociedad, 33

http://www.conferenciaepiscopal.es/ceas/familia/vida/2009/díptico.pdf

http://www.conferenciaepiscopal.es/ceas/familia/

Seguir leyendo...

sábado, 14 de marzo de 2009

L'attrattiva del tempo moderno



EL ATRACTIVO DE NUESTRO TIEMPO

He aquí el gran atractivo de nuestro tiempo:

penetrar en la más alta contemplación y permanecer mezclado con todos,

hombre entre los hombres.


Diría aún más:

perderse en la muchedumbre para impregnarla de lo divino,

como se empapa un trozo de pan en el vino.


Diría aún más:

participando de los designios de Dios sobre la humanidad,

trazar sobre la multitud estelas de luz y,

al mismo tiempo, compartir con el prójimo la injuria, el hambre, los golpes,

las breves alegrías.


Porque el atractivo del nuestro, como el de todos los tiempos,

es lo más humano y lo más divino que se pueda pensar,

Jesús y María:

el Verbo de Dios, hijo de un carpintero,

la Sede de la Sabiduría, ama de casa.


Chiara Lubich

Seguir leyendo...

GRATITUDINE

«Ti voglio bene
non perché ho imparato a dirti così,
non perché il cuore mi suggerisce questa parola,
non tanto perché la fede mi fa credere che sei amore,
nemmeno soltanto perché sei morto per me.

Ti voglio bene
perché sei entrato nella mia vita
più dell'aria nei miei polmoni,
più del sangue nelle mie vene.
Sei entrato dove nessuno poteva entrare
quando nessuno poteva aiutarmi
ogniqualvolta nessuno poteva consolarmi.

Ogni giorno ti ho parlato.
Ogni ora ti ho guardato
e nel tuo volto ho letto la risposta,
nelle tue parole la spiegazione,
nel tuo amore la soluzione.

Ti voglio bene
perché per tanti anni hai vissuto con me
ed io ho vissuto di Te.
Ho bevuto alla tua legge e non me n'ero accorta.

Me ne sono nutrita, irrobustita,
mi sono ripresa, ma ero ignara
come il bimbo che beve dalla mamma
e ancor non sa chiamarla con quel dolce nome.

Dammi d'esserti grata
- almeno per un po' - nel tempo che mi rimane,
di questo amore che hai versato su di me, e m'ha costretta a dirti:
ti voglio bene».

Chiara Lubich

 





Te quiero

no porque he aprendido a decírtelo,

no porque el corazón me sugiera esta palabra,

tampoco porque la fe me haga creer que eres amor,

ni siquiera solamente porque has muerto por mí.


Te quiero

porque has entrado en mi vida

más que el aire en mis pulmones,

más que la sangre en mis venas.

Has entrado donde nadie podía entrar,

cuando nadie podía ayudarme,

cada vez que ninguno podía consolarme.


Cada día te he hablado.

Cada hora te he mirado

y en tu rostro he leído la respuesta,

en tus palabras la explicación,

en tu amor la solución.


Te quiero

porque durante muchos años has vivido conmigo

y yo he vivido de Ti.

He bebido en tu Ley y no me había dado cuenta de ello.


Me he nutrido de ella, me he robustecido,

me he repuesto, pero lo ignoraba,

como el niño que bebe de la madre

y todavía no sabe llamarla con ese dulce nombre.


Concédeme estarte agradecida

-al menos un poco- por el tiempo que me queda,

a este amor que has volcado en mí, y me ha obligado a decirte:

te quiero.


Chiara Lubich

Seguir leyendo...

jueves, 12 de marzo de 2009

carta conmovedora del Papa a los obispos


CARTA DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI

A LOS OBISPOS DE LA IGLESIA CATÓLICA

sobre la remisión de la excomunión

de los cuatro Obispos consagrados por el Arzobispo Lefebvre

(Amor herido que no esconde su amargura y soledad)

Queridos Hermanos en el ministerio episcopal

La remisión de la excomunión a los cuatro Obispos consagrados en el año 1988 por el Arzobispo Lefebvre sin mandato de la Santa Sede, ha suscitado por múltiples razones dentro y fuera de la Iglesia católica una discusión de una vehemencia como no se había visto desde hace mucho tiempo. Muchos Obispos se han sentido perplejos ante un acontecimiento sucedido inesperadamente y difícil de encuadrar positivamente en las cuestiones y tareas de la Iglesia de hoy. A pesar de que muchos Obispos y fieles estaban dispuestos en principio a considerar favorablemente la disposición del Papa a la reconciliación, a ello se contraponía sin embargo la cuestión sobre la conveniencia de dicho gesto ante las verdaderas urgencias de una vida de fe en nuestro tiempo. Algunos grupos, en cambio, acusaban abiertamente al Papa de querer volver atrás, hasta antes del Concilio. Se desencadenó así una avalancha de protestas, cuya amargura mostraba heridas que se remontaban más allá de este momento. Por eso, me siento impulsado a dirigiros a vosotros, queridos Hermanos, una palabra clarificadora, que debe ayudar a comprender las intenciones que me han guiado en esta iniciativa, a mí y a los organismos competentes de la Santa Sede. Espero contribuir de este modo a la paz en la Iglesia.

Una contrariedad para mí imprevisible fue el hecho de que el caso Williamson se sobrepusiera a la remisión de la excomunión. El gesto discreto de misericordia hacia los cuatro Obispos, ordenados válidamente pero no legítimamente, apareció de manera inesperada como algo totalmente diverso: como la negación de la reconciliación entre cristianos y judíos y, por tanto, como la revocación de lo que en esta materia el Concilio había aclarado para el camino de la Iglesia. Una invitación a la reconciliación con un grupo eclesial implicado en un proceso de separación, se transformó así en su contrario: un aparente volver atrás respecto a todos los pasos de reconciliación entre los cristianos y judíos que se han dado a partir del Concilio, pasos compartidos y promovidos desde el inicio como un objetivo de mi trabajo personal teológico. Que esta superposición de dos procesos contrapuestos haya sucedido y, durante un tiempo haya enturbiado la paz entre cristianos y judíos, así como también la paz dentro de la Iglesia, es algo que sólo puedo lamentar profundamente. Me han dicho que seguir con atención las noticias accesibles por Internet habría dado la posibilidad de conocer tempestivamente el problema. De ello saco la lección de que, en el futuro, en la Santa Sededeberemos prestar más atención a esta fuente de noticias. Me ha entristecido el hecho de que también los católicos, que en el fondo hubieran podido saber mejor cómo están las cosas, hayan pensado deberme herir con una hostilidad dispuesta al ataque. Justamente por esto doy gracias a los amigos judíos que han ayudado a deshacer rápidamente el malentendido y a restablecer la atmósfera de amistad y confianza que, como en el tiempo del Papa Juan Pablo II, también ha habido durante todo el período de mi Pontificado y, gracias a Dios, sigue habiendo.

Otro desacierto, del cual me lamento sinceramente, consiste en el hecho de que el alcance y los límites de la iniciativa del 21 de enero de 2009 no se hayan ilustrado de modo suficientemente claro en el momento de su publicación. La excomunión afecta a las personas, no a las instituciones. Una ordenación episcopal sin el mandato pontificio significa el peligro de un cisma, porque cuestiona la unidad del colegio episcopal con el Papa. Por esto, la Iglesia debe reaccionar con la sanción más dura, la excomunión, con el fin de llamar a las personas sancionadas de este modo al arrepentimiento y a la vuelta a la unidad. Por desgracia, veinte años después de la ordenación, este objetivo no se ha alcanzado todavía. La remisión de la excomunión tiende al mismo fin al que sirve la sanción: invitar una vez más a los cuatro Obispos al retorno. Este gesto era posible después de que los interesados reconocieran en línea de principio al Papa y su potestad de Pastor, a pesar de las reservas sobre la obediencia a su autoridad doctrinal y a la del Concilio. Con esto vuelvo a la distinción entre persona e institución. La remisión de la excomunión ha sido un procedimiento en el ámbito de la disciplina eclesiástica: las personas venían liberadas del peso de conciencia provocado por la sanción eclesiástica más grave. Hay que distinguir este ámbito disciplinar del ámbito doctrinal. El hecho de que la Fraternidad San Pío X no posea una posición canónica en la Iglesia, no se basa al fin y al cabo en razones disciplinares sino doctrinales. Hasta que la Fraternidad non tenga una posición canónica en la Iglesia, tampoco sus ministros ejercen ministerios legítimos en la Iglesia. Portanto, es preciso distinguir entre el plano disciplinar, que concierne a las personas en cuanto tales, y el plano doctrinal, en el que entran en juego el ministerio y la institución. Para precisarlo una vez más: hasta que las cuestiones relativas a la doctrina no se aclaren, la Fraternidad no tiene ningún estado canónico en la Iglesia, y sus ministros, no obstante hayan sido liberados de la sanción eclesiástica, no ejercen legítimamente ministerio alguno en la Iglesia.

A la luz de esta situación, tengo la intención de asociar próximamente la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, institución competente desde 1988 para esas comunidades y personas que, proviniendo de la Fraternidad San Pío X o de agrupaciones similares, quieren regresar a la plena comunión con el Papa, con la Congregación para la Doctrina de la Fe. Con esto se aclara que los problemas que deben ser tratados ahora son de naturaleza esencialmente doctrinal, y se refieren sobre todo a la aceptación del Concilio Vaticano II y del magisterio postconciliar de los Papas. Los organismos colegiales con los cuales la Congregación estudia las cuestiones que se presentan (especialmente la habitual reunión de los Cardenales el miércoles y la Plenariaanual o bienal) garantizan la implicación de los Prefectos de varias Congregaciones romanas y de los representantes del Episcopado mundial en las decisiones que se hayan de tomar. No se puede congelar la autoridad magisterial de la Iglesia al año 1962, lo cual debe quedar bien claro a la Fraternidad. Pero a algunos de los que se muestran como grandes defensores del Concilio se les debe recordar también que el Vaticano II lleva consigo toda la historia doctrinal de la Iglesia. Quien quiere ser obediente al Concilio, debe aceptar la fe profesada en el curso de los siglos y no puede cortar las raíces de las que el árbol vive.

Espero, queridos Hermanos, que con esto quede claro el significado positivo, como también sus límites, de la iniciativa del 21 de enero de 2009. Sin embargo, queda ahora la cuestión: ¿Era necesaria tal iniciativa? ¿Constituía realmente una prioridad? ¿No hay cosas mucho más importantes? Ciertamente hay cosas más importantes y urgentes. Creo haber señalado las prioridades de mi Pontificado en los discursos que pronuncié en sus comienzos. Lo que dije entonces sigue siendo de manera inalterable mi línea directiva. La primera prioridad para el Sucesor de Pedro fue fijada por el Señor en el Cenáculo de manera inequívoca: “Tú… confirma a tus hermanos” (Lc 22,32). El mismo Pedro formuló de modo nuevo esta prioridad en su primera Carta: “Estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere” (1 Pe 3,15). En nuestro tiempo, en el que en amplias zonas de la tierra la fe está en peligro de apagarse como una llama que no encuentra ya su alimento, la prioridad que está por encima de todas es hacer presente a Dios en este mundo y abrir a los hombres el acceso a Dios. No a un dios cualquiera, sino al Dios que habló en el Sinaí; al Dios cuyo rostro reconocemos en el amor llevado hasta el extremo (cf. Jn 13,1), en Jesucristo crucificado y resucitado. El auténtico problema en este momento actual de la historia es que Dios desaparece del horizonte de los hombres y, con el apagarse de la luz que proviene de Dios, la humanidad se ve afectada por la falta de orientación, cuyos efectos destructivos se ponen cada vez más de manifiesto.

Conducir a los hombres hacia Dios, hacia el Dios que habla en la Biblia: Ésta es la prioridad suprema y fundamental de la Iglesia y del Sucesor de Pedro en este tiempo. De esto se deriva, como consecuencia lógica, que debemos tener muy presente la unidad de los creyentes. En efecto, su discordia, su contraposición interna, pone en duda la credibilidad de su hablar de Dios. Por eso, el esfuerzo con miras al testimonio común de fe de los cristianos –al ecumenismo- está incluido en la prioridad suprema. A esto se añade la necesidad de que todos los que creen en Dios busquen juntos la paz, intenten acercarse unos a otros, para caminar juntos, incluso en la diversidad de su imagen de Dios, hacia la fuente de la Luz. En esto consiste el diálogo interreligioso. Quien anuncia a Dios como Amor “hasta el extremo” debe dar testimonio del amor. Dedicarse con amor a los que sufren, rechazar el odio y la enemistad, es la dimensión social de la fe cristiana, de la que hablé en la Encíclica Deus caritas est.

Por tanto, si el compromiso laborioso por la fe, por la esperanza y el amor en el mundo es en estos momentos (y, de modos diversos, siempre) la auténtica prioridad para la Iglesia, entonces también forman parte de ella las reconciliaciones pequeñas y medianas. Que el humilde gesto de una mano tendida haya dado lugar a un revuelo tan grande, convirtiéndose precisamente así en lo contrario de una reconciliación, es un hecho del que debemos tomar nota. Pero ahora me pregunto: ¿Era y es realmente una equivocación, también en este caso, salir al encuentro del hermano que “tiene quejas contra ti” (cf.Mt 5,23s) y buscar la reconciliación? ¿Acaso la sociedad civil no debe intentar también prevenir las radicalizaciones y reintegrar a sus eventuales partidarios –en la medida de lo posible- en las grandes fuerzas que plasman la vida social, para evitar su segregación con todas sus consecuencias? ¿Puede ser totalmente desacertado el comprometerse en la disolución de las rigideces y restricciones, para dar espacio a lo que haya de positivo y recuperable para el conjunto? Yo mismo he visto en los años posteriores a 1988 cómo, mediante el regreso de comunidades separadas anteriormente de Roma, ha cambiado su clima interior; cómo el regreso a la gran y amplia Iglesia común ha hecho superar posiciones unilaterales y ablandado rigideces, de modo que luego han surgido fuerzas positivas para el conjunto. ¿Puede dejarnos totalmente indiferentes una comunidad en la cual hay 491 sacerdotes, 215 seminaristas, 6 seminarios, 88 escuelas, 2 institutos universitarios, 117 hermanos, 164 hermanas y millares de fieles? ¿Debemos realmente dejarlos tranquilamente ir a la deriva lejos de la Iglesia? Pienso por ejemplo en los 491 sacerdotes. No podemos conocer la trama de sus motivaciones. Sin embargo, creo que no se hubieran decidido por el sacerdocio si, junto a varios elementos distorsionados y enfermos, no existiera el amor por Cristo y la voluntad de anunciarlo y, con Él, al Dios vivo. ¿Podemos simplemente excluirlos, como representantes de un grupo marginal radical, de la búsqueda de la reconciliación y de la unidad? ¿Qué será de ellos luego?

Ciertamente, desde hace mucho tiempo y después una y otra vez, en esta ocasión concreta hemos escuchado de representantes de esa comunidad muchas cosas fuera de tono: soberbia y presunción, obcecaciones sobre unilateralismos, etc. Por amor a la verdad, debo añadir que he recibido también una serie de impresionantes testimonios de gratitud, en los cuales se percibía una apertura de los corazones. ¿Acaso no debe la gran Iglesia permitirse ser también generosa, siendo consciente de la envergadura que posee; en la certeza de la promesa que le ha sido confiada? ¿No debemos como buenos educadores ser capaces también de dejar de fijarnos en diversas cosas no buenas y apresurarnos a salir fuera de las estrecheces? ¿Y acaso no debemos admitir que también en el ámbito eclesial se ha dado alguna salida de tono? A veces se tiene la impresión de que nuestra sociedad tenga necesidad de un grupo al menos con el cual no tener tolerancia alguna; contra el cual pueda tranquilamente arremeter con odio. Y si alguno intenta acercársele –en este caso el Papa- también él pierde el derecho a la tolerancia y puede también ser tratado con odio, sin temor ni reservas.

Queridos Hermanos, por circunstancias fortuitas, en los días en que me vino a la mente escribir esta carta, tuve que interpretar y comentar en el Seminario Romano el texto de Ga 5,13-15. Percibí con sorpresa la inmediatez con que estas frases nos hablan del momento actual: «No una libertad para que se aproveche el egoísmo; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la ley se concentra en esta frase: “Amarás al prójimo como a ti mismo”. Pero, atención: que si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente». Siempre fui propenso a considerar esta frase como una de las exageraciones retóricas que a menudo se encuentran en San Pablo. Bajo ciertos aspectos puede ser también así. Pero desgraciadamente este “morder y devorar” existe también hoy en la Iglesia como expresión de una libertad mal interpretada. ¿Sorprende acaso que tampoco nosotros seamos mejores que los Gálatas? Que ¿quizás estemos amenazados por las mismas tentaciones? ¿Que debamos aprender nuevamente el justo uso de la libertad? ¿Y que una y otra vez debamos aprender la prioridad suprema: el amor? En el día en que hablé de esto en el Seminario Mayor, en Roma se celebraba la fiesta de la Virgen de la Confianza. En efecto, María nos enseña la confianza. Ella nos conduce al Hijo, del cual todos nosotros podemos fiarnos. Él nos guiará, incluso en tiempos turbulentos. De este modo, quisiera dar las gracias de corazón a todos los numerosos Obispos que en este tiempo me han dado pruebas conmovedoras de confianza y de afecto y, sobre todo, me han asegurado sus oraciones. Este agradecimiento sirve también para todos los fieles que en este tiempo me han dado prueba de su fidelidad intacta al Sucesor de San Pedro. El Señor nos proteja a todos nosotros y nos conduzca por la vía de la paz. Es un deseo que me brota espontáneo del corazón al comienzo de esta Cuaresma, que es un tiempo litúrgico particularmente favorable a la purificación interior y que nos invita a todos a mirar con esperanza renovada al horizonte luminoso de la Pascua.

Con una especial Bendición Apostólica me confirmo

Vuestro en el Señor

[Benedictus PP. XVI]

Vaticano, 10 de marzo de 2009.

Seguir leyendo...
     vida
Subir Bajar