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lunes, 8 de noviembre de 1999

Bechamel

Ingredientes:

Aceite de oliva o mantequilla

40g de harina

½ litro de leche

sal

Preparación:

1.        En una sartén calentamos un poco el aceite (o fundimos la mantequilla) a fuego lento.

2.       Se añade poco a poco la harina, sin dejar de moverla y mezclarla con el aceite.

3.       Se deja dorar la harina.

4.       Calentamos la leche en el microondas.

5.       Se va añadiendo poco a poco la leche, sin dejar de mezclar para que no se formen grumos.

6.       Se añade leche hasta que consigamos el espesor que queramos y añadimos la sal.

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jueves, 7 de octubre de 1999

Chiara Luce Badano - santidad a los 18años

"He vuelto a descubrir el Evangelio bajo una nueva luz.
He descubierto que no era una cristiana auténtica
porque no lo vivía profundamente.
Ahora quiero hacer de este magnífico libro mi único motivo.
No quiero y no puedo permanecer analfabeta ante tan extraordinario mensaje.
Como para mi es fácil aprender el alfabeto, así debe
ser también vivir el Evangelio".

Chiara Luce Badano

¡Chiara Luce! ¡Cuánta luz se lee en su rostro, cuánta luz en sus palabras, en sus cartas, en su vida toda orientada a amar concretamente a tantos!...
La suya ha sido una elección radical de Jesús crucificado y abandonado; una elección de lo que hace daño y que, si no se ama, puede arrastrar el espíritu dentro un túnel oscuro. Con Él ha vivido, con Él ha transformado su pasión en un canto nupcial".

Chiara Lubich





"El suyo es un testimonio significativo en especial para los jóvenes.
Basta considerar como ha vivido la enfermedad,
ver el eco suscitado por su muerte.
No se podía dejar caer un ejemplo de este calibre.
Tenemos necesidad de santidad también hoy.
Tenemos necesidad de ayudar a encontrar una orientación,
un por qué a la vida.
Es necesario ayudar a los jóvenes a superar su inseguridad, su soledad,
sus enigmas ante los fracasos, ante el dolor, ante la muerte.
Los discursos teóricos no los conquistan, es necesario el testimonio".

"En los coloquios con ella notaba una gran madurez
muy superior a la de los jóvenes de su edad.
Había entendido lo esencial del cristianismo:
Dios en el primer lugar;
Jesús con quien tenía una relación espontánea, fraterna;
María como modelo; el amor como punto central;
la responsabilidad de anunciar el Evangelio.
Todo esto, demostrado a través de la experiencia dolorosa y de la muerte,
no temida sino esperada, ha hecho de su caso algo verdaderamente singular".


(Mons. Livio Maritano, obispo de Acqui Terme,
entrevistado por Aurora Nicosia, para Città Nuova)

Santidad con 18 años


Chiara Luce

Chiara Luce

Bella, emprendedora, deportista. Normal.
Una joven, una cristiana, una gen.
Después la enfermedad imprevista,la agonía, la muerte.
Una rápida escalada hacia el cielo.
Se encamina la causa de beatificación.

de Michele Zanzucchi - Città Nuova

Era una de los, no pocos, jóvenes de los Focolares fallecidos en la primavera de la vida. En ella habíamos advertido una especie de predilección de Dios. Habíamos leídos alguno de sus escritos y sabido de su funeral, que fue definido como una “fiesta de bodas”. Habíamos rezado por ella y por su familia.
Pero en los años siguientes, sin un preciso programa, sus gestas volvían a estar regularmente bajo los reflectores, gracias al “tamtam” de sus amigos, de los gen, de su obispo, gracias a una recolección de escritos, a una biografía, a un vídeo casero… Como escribe Abbé Pierre: “Los santos no se limitan a un calendario, y ciertamente nosotros los encontramos todos los días”; Chiara Badano era una de esas santas de la normalidad.

Un nacimiento muy esperado

Nace en Sassello, en el interior de Liguria, el 29 de octubre de 1971; un pueblito gracioso, que no está todavía en la montaña, pero ya bastante lejos de la ciudad. Si se quiere un lugar “de provincia”, de Sassello se conocen sus hongos, su ammaretto y sus castañas.
Chiara es la hija única de Ruggero Badano, camionero, y de María Teresa Caviglia, obrera. Se habían casado hacía once años y nunca habían logrado tener hijos: es fácil imaginar la gran felicidad provocada por este nacimiento. “Si bien en medio de una inmensa alegría, comprendimos enseguida -cuenta la madre-que no era sólo nuestra hija sino que ante todo era hija de Dios”.. Él: pocas palabras pero con una fe sólida, severo pero con una dulce mirada. Ella: afable y abierta, con la hija tuvo una relación de verdad y confianza.

Una cosa muy importante

Un episodio: es todavía María Teresa quien me lo cuenta: “Una tarde la niña llegó a la casa con una bella manzana roja. Le pregunté de donde provenía. Chiara me contestó que la había tomado donde la vecina, Gianna la del molino… sin pedirle permiso. Le expliqué que tenía que pedir las cosas antes de tomarlas, y que por lo tanto tenía que devolverla inmediatamente, pidiendo disculpas. Pero ella no quería, tenía vergüenza y se obstinó. Entonces le expliqué que era mucho más importante decir la verdad que comer una buena manzana. Chiara volvió donde la verdulera y le explicó todo. En la noche, esa mujer trajo una cesta de manzanas para Chiara, “porque hoy aprendió algo muy importante”. “

Aquel encuentro con 9 años

Chiara manifiesta un carácter generoso: en una tarea de primer grado, escribiendo al Niño Jesús, no le pide juguetes, sino: “Haz que la abuela Gilda se cure y todas las personas que no están bien”. Es conciliadora, aun si por su parte, algunas veces no se entiende con sus padres. Pero la fractura dura sólo pocos instantes. Cosas pequeñas pero significativas: la mamá le propone que recoja la mesa. “No, no quiero”. Llega a su cuarto, y después se devuelve y dice:“Como es la historia del Evangelio, de los dos obreros que no quieren ir a la viña, y uno dice que sí y después no va, y el otro dice que no… Mamá, vuélveme a poner el delantal”. Y recoge la mesa.
Pequeñas historias como ésta testimonian cómo recibía una sólida educación cristiana, gracias a la comunidad parroquial, al párroco que imparte fascinantes lecciones de catecismo, a las sólidas amistades que Chiara construye. Tiene una debilidad por las personas ancianas, a las que trata de ayudar.

Tiene nueve años cuando ocurre el encuentro fundamental de su vida, el encuentro con el ideal de la unidad, en una reunión de las más jóvenes del Movimiento de los Focolares, las gen 3, que, en septiembre de 1980, se confirma con la adhesión al mismo espíritu de sus padres, en una gran reunión de familias, el Family Fest 1981. Dice su madre: “Regresando a casa decíamos que, si nos hubiesen preguntado cuándo nos habíamos casado, habríamos respondido: “Cuando hemos encontrado este Ideal” “. Desde ese momento la familia Badano será un ejemplo de respeto, calor y unidad.
En este período, la noche antes de dormir, escribe algunos sencillísimos acontecimientos. He aquí uno: “Una compañera tiene escarlatina, y todos tienen miedo de irla a visitar. De acuerdo con mis padres le llevo las tareas, para que no se sienta sola”.

Deporte, afecto y… un viaje decisivo

San Agustín repite a menudo que “el amor embellece”. En efecto Chiara está revestida de la belleza del Evangelio, aun si ya de por sí es muy hermosa, una bella muchacha. Las fotos nos la presentan desde la infancia como una persona con ganas de vivir, con un carácter bien definido. Pero de ese rostro delicado, lo que más atrae es su mirada, ni reprimido ni agresivo. Límpido y basta. También en las fotos de la adolescencia, cuando algún granito de más le ensucia un poco su lindo rostro.
La adolescencia nos la presenta en la normalidad más absoluta. Es en este período, de más movimiento, que se transfiere a Savona, en 1985, para los estudios de bachillerato, que a decir la verdad, encontrarán algunas dificultades, a pesar del esfuerzo. No aprueba el cuarto año y esto la hace sufrir mucho.

Con sus padres emerge alguna incomprensión, si bien el afecto es más fuerte, y no es difícil que se llegue a acuerdos aceptables por ambas partes, como por ejemplo sobre los horarios de salida nocturnos. En efecto, sobre todo los fines de semana en Sassello, a Chiara le gusta quedarse en la noche con los amigos en un café.

“Tenía una sólida base humana -dice Chicca Coriasco, su confidente-; amaba vestirse con propiedad, peinarse bien y algunas veces maquillarse un poco, pero nunca con lujo”.Es apreciada, y sabe hacerse querer:
está siempre rodeada de amigos y amigas. Es una gran deportista: tenis, natación, montaña. No sabe estar quieta, quisiera ser aeromoza. Le gusta mucho bailar y cantar.
Tantos la cortejaban, mientras que ella amaba soñar. Cada tanto le dice a la amiga, mirando a un muchacho: “Ese me gusta”. Pero nada más.

En el verano de 1988 atraviesa un período difícil. Acaba de saber que ha sido reprobada en matemáticas cuando acompaña a Roma a las niñas del Movimiento, las gen 4, a su congreso. Tiene el corazón lastimado por haber sido reprobada, pero no se detiene. Escribe a sus padres: “Ha llegado un momento muy importante: el del encuentro con Jesús abandonado. Abrazarlo no ha sido fácil; pero Chiara esta mañana le explicó a las gen 4 que Él debe ser su esposo”.
Chiara, es decir Chiara Lubich, con quien mantendrá una nutrida correspondencia, pero sobre todo una relación vital, muy intensa, hasta el último momento, cuando dirá: “Todo se lo debo a Dios y a Chiara”. A ella, más tarde le pidió un “nombre nuevo”. “Chiara Luce”, fue su respuesta.

El veredicto inesperado

Después lo imprevisto. Jugando tenis advierte un fuerte dolor en el hombro. Primero no le hace caso, tampoco los médicos. Pero las recaídas llevan a los doctores a profundizar los análisis. El veredicto: sarcoma ostiogénico con metástasis, un tipo de tumor entre los más graves y dolorosos. Chiara Luce, después de un largo silencio, sin llanto ni rebelión, acoge la noticia con valentía:“Lo lograré, soy joven” dice. Y Ruggero, su papá: “Teníamos la certeza que Jesús estaba en medio nuestro. Él nos daba la fuerza”. Comienza un profundo cambio, una rápida escalada hacia la santidad.
Empiezan los internamientos, y ella se distingue por su altruismo. Se interesa por una muchacha drogadicta, gravemente deprimida, descuidando su reposo la acompaña a todas partes, levantándose de la cama a pesar del dolor que le provoca el gran callo óseo que tiene en la espalda: “Ya tendré tiempo para dormir”, dice.

El filósofo Cioran se preguntaba:“¿Existirá un santo jovial?”. Chiara Luce lo es, porque Jesús se convierte cada vez más en su “esposo”. Escribe: “Este mal Jesús me lo ha mandado en el momento justo”.
Está en el hospital de Turín. “Al principio teníamos la impresión de ir a visitarla para sostenerla -dice un gen-. Pero pronto entendimos que no podíamos estar sin ella, nos atraía como un imán”.

El decurso de la enfermedad es inclemente, pero Chiara Luce trata de conducir una vida normal y alegre.

Y uno de los médicos, Antonio Delogu: “Demuestra con su sonrisa, con sus grandes ojos luminosos, que la muerte no existe, sólo la vida existe”. Será sometida a dos operaciones muy dolorosas. La quimioterapia hace que se le caiga el cabello, que cuidaba mucho. Ante cada mechón de cabello que pierde, repite un simple pero intenso: “Por ti, Jesús”. Sus padres, siempre presentes, le recuerdan que bajo los sufrimientos se puede percibir un misterioso designio de Dios.
Y Chiara Luce se vuelve a poner en el amor. Así, a un amigo que parte para una misión humanitaria en África, le entrega todos sus ahorros: “A mi no me sirven, yo tengo todo”.

Nada de morfina. “Quiero compartir con Él todavía por un tiempo la cruz”

Existe una grabación de ese período en la que Chiara Luce cuenta de un doloroso examen médico: “Cuando los doctores empezaron ha hacer la pequeña operación, pero fastidiosa, llegó una persona, una señora, con una sonrisa muy luminosa, bellísima: se me acercó, me tomó la mano y me dio ánimo. Como llegó, desapareció: no la vi más. Pero me sentí invadida por una enorme alegría, y se me quitó el miedo. En esa ocasión entendí que, si estuviéramos siempre dispuestos a todo, cuántos signos Dios nos mandaría”.
Pierde el uso de las piernas. Dice: “Si tuviera que elegir entre caminar o ir al paraíso, elegiría esta última posibilidad”. El último tac no deja esperanzas. Llega el momento de la prueba, intensa. Pero no se rinde, también con la ayuda de Chiara Lubich que le escribe: “Dios te ama inmensamente y quiere penetrar en lo más íntimo de tu alma y hacerte experimentar gotas de cielo”. Rechaza la morfina: “Quita la lucidez, y yo sólo puedo ofrecer el dolor a Jesús, porque quiero compartir todavía con Él la cruz”.
Chiara Luce parece ya adulta. Le escribe un médico, Fabio De Marzini: “No estoy acostumbrado a ver jóvenes como tú. Siempre he pensado en tu edad como en el tiempo de las grandes emociones, de las intensas alegrías, de los amplios entusiasmos. Me has enseñado que es también la edad de la madurez absoluta”.

¿Esa luz en sus ojos de dónde viene?

19 de julio de 1989: una hemorragia terrible. Se salva “in extremis”. Dirá: “No derramen lágrimas por mí. Yo voy donde Jesús. En mi funeral no quiero gente que llore, sino que cante fuerte”.

Ante un tratamiento, por suero: “¿Qué es una gota que cae en comparación con los clavos en las manos de Jesús?”. Y acompaña cada gota con un: “Por ti”.Recibe la visita del cardenal Saldarini, que le pregunta: “Tienes unos ojos estupendos, un luz maravillosa. ¿De dónde viene?” Y ella: “Trato de amar mucho a Jesús”.
Un vez, cosa insólita, pide a sus padres que no hagan entrar a su pequeña habitación a los amigos. Otro día les explica: “No es signo de menor afecto o de tristeza. Todo lo contrario. Era que me costaba bajar de donde estaba para después volver a subir”. Y “un clima de paraíso” es lo que experimentan quienes están a su lado. Escribe a los amigos: “Otro mundo me esperaba y no me quedaba más que abandonarme. Pero ahora me siento envuelta por un espléndido designio que poco a poco se me devela”.

La fiesta de bodas

Dice en uno de sus últimos días: “No le pido a Jesús que me venga a buscar para llevarme al paraíso; no quisiera darle la impresión que no quiero sufrir más”. Ya es segura su suerte, que por otra parte no quiere cambiar (no desea pedir su curación, sino ser capaz de hacer la voluntad de Dios), prepara con la madre la “fiesta de bodas”, es decir su funeral. Ella misma explica cómo debe ser su vestido, elige la música, las flores, los cantos y las lecturas: “Mientras me preparas, mamá, deberás repetirte: “Ahora Chiara Luce ve a Jesús”.”
“Las expresiones de este período -sostiene María Grazia Magrini, quien está recogiendo el material sobre Chiara Luce para el “proceso”- se parecen mucho a las de Santa Teresita del Niño Jesús”. Como una de las últimas: “Hace falta saber morir por heridas de alfiler para después saber morir por una herida de espada”.
Hasta que llega el encuentro con su “esposo”. Al lado de ella el padre y la madre. Fuera de la puerta los amigos. Hay una paz, casi natural. Sus últimas palabras fueron para su mamá: “Chao. Sé feliz porque yo lo soy”. Era el domingo 7 de octubre de 1990, a las cuatro de la mañana.
Al funeral asisten dos mil personas. También quien no cree quiere estar presente. Los comentarios hablan de paraíso, de alegría, de elección de Dios provocada por la de Chiara Luce. El obispo Maritano dice en su homilía: “Este es el fruto de una familia cristiana, de una comunidad de cristianos, el resultado de un Movimiento que vive el amor recíproco y tiene a Jesús en medio”.

Los efectos de su experiencia continúan después de la muerte. Quien llega a conocer su caso se siente empujado a vivir más radicalmente el Evangelio, a elegir a Dios como todo. Es una santidad “contagiosa”.
La fama de Chiara Luce se difunde, lenta pero seguramente. Por iniciativa del obispo de Acqui Terme es declarada “Sierva de Dios”. A partir de ahí el proceso diocesano para su beatificación. Dentro de algunos meses pasará al Vaticano.

“Sean una generación de santos”

A este punto es natural que surja una pregunta: ¿pero quién es el santo de hoy? Sólo Dios es santo, naturalmente. Pero en la Escritura está escrito: “Sean santos, porque yo soy santo”. Después, en los Hechos de los Apóstoles, los cristianos son llamados sencillamente “santos”. En fin, santo es quien se refleja en la única santidad, la de Dios, manifestando virtudes probadas, caridad sin límites, confianza total en Dios. Chiara Luce entonces parece ser santa.
Hay que subrayar un último aspecto. Escribe el cardenal Martini: “La santidad se da en racimos, no es sólo una uva sino todo el conjunto que se vuelve levadura, sal de la tierra, luz del mundo”. Chiara Lubich desde el nacimiento de los gen ha querido proponer a los jóvenes del Movimiento un proyecto alto: “Sean una generación de santos”. Y bien, Chiara Luce no está sola, porque otros numerosísimos jóvenes del Movimiento de los Focolares han muerto con sus mismas disposiciones. Al menos para tres de ellos se están encaminando otros “procesos”.





http://blogdealca.blogspot.com/2000/08/luce-genfest-2000-estadio-de-flamingo.html
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jueves, 22 de julio de 1999

Gustavo Adolfo Bécquer, para un día en que se me rompió el corazón

Cuando me lo contaron sentí el frío de una hoja de acero en las entrañas,

me apoyé contra el muro y un instante la conciencia perdí de donde estaba...

 

Cayó sobre mi espiritu la noche,

en ira y piedad se anegó el alma...

 

¡Y entonces comprendí porqué se llora,

y entonces comprendí porqué se mata!

 

Pasó la nube de dolor...,

con pena logré balbucear breves palabras...

 

¿Quién me dió la noticia...?

un fiel amigo...

¡me hacía un gran favor...!

Le dí las grácias.

 

Gustavo Adolfo Bécquer

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lunes, 31 de mayo de 1999

Albert Einstein

“La realidad es una ilusión muy persistente.”

Albert Einstein

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sábado, 17 de abril de 1999

Ella que pasa (Mario Benedetti)

Paso que pasa rostro que pasabas

Qué más quieres te miro

Después me olvidaré

Después y solo después seguro que me olvido

 

Paso que pasas rostro que pasabas

Qué más quieres te quiero

Te quiero sólo dos o tres minutos

Para quererte más no tengo tiempo

 

Paso que pasas rostro que pasabas

Qué más quieres ay no

Ay no me tientes

Que si nos tentamos no nos podremos olvidar

Adiós

Mario Benedetti


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domingo, 25 de octubre de 1998

P.Davies "El universo desbocado" - Octubre 1998

“El mundo en el que vivimos es aquel mundo en el que podemos vivir”.

P.Davies  -El universo desbocado-

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el cosmos y el hombre actual

Hace algún tiempo me tope con la siguiente cita de Bernard de Fontenelle en "una pluralidad de mundos":

 -“todos somos como el loco de Atenas, quien imaginaba que eran suyos todos los barcos que entraban en el puerto del Pireo; nuestra locura no es menos extravagante, pues creemos que todas las cosas en la naturaleza están diseñadas para nuestro uso, y todos, nos preguntamos qué propósito hay en esta prodigiosa compañía de estrellas fijas,  cuando un número mucho menor nos haría el mismo servicio, y entonces respondemos fríamente:-fueron hechas para agradar a nuestra vista.”-

 

Lo primero que me vino a la mente, tras leer esta cita, fue la figura de un erudito del siglo XVI mirando al cielo y reflexionando sobre algún argumento metafísico y el sentido de los diferentes cuerpos celestiales en el cosmos. En un primer instante, la cita de Bernard de Fontenelle, me parecía quizás un poco alejada de un hombre de finales del siglo XX, pensaba en las circunstancias que han rodeado e influido en el pensamiento del hombre actual; especialmente el desarrollo del método científico, con los avances, descubrimientos y teorías que se derivan de él (desde la “ley de la gravitación universal” de Newton, “la evolución de las especies” de Darwin, etc… hasta “la mecánica cuántica” de principios del siglo XX, pasando por los recientes descubrimientos en astronomía (las supuestas “materia oscura” y “energía oscura” y su relación de mayor proporción con respecto a la materia, etc…), en física de partículas (“el modelo standart”, que resulta incompleto hoy día, “la simetría, y enigmática falta de proporcionalidad, entre materia y antimateria”, etc…), así como las nuevas teorías que se postulan (como “la teoría de cuerdas” con sus 11dimensiones, la supersimetría, etc…)), me parecía que todo ello ha ido paulatinamente desplazando al hombre (en concreto al hombre occidental) de su propio centro hasta dejar de considerarse a si mismo condición necesaria y suficiente para el cosmos, el hombre de hoy, me decía a mí mismo, ha perdido por completo el egocentrismo, algo infantil, que podían tener los hombres siglos atrás, y no podía menos que sentirme orgulloso por este “avance” en el pensamiento humano.

Pero tras pararme un momento, comencé a reflexionar, y ¿es real esta pérdida del antropocentrismo que el hombre (especialmente el hombre occidental) se había fabricado, durante siglos?, y si es real, al menos en parte, ¿Dónde ha llevado al hombre? ¿Le ha hecho mejor, más feliz y equilibrado, o hemos cambiado una locura por otra?

 

Hoy sabemos que hay unas 20 cifras, 20 constantes fundamentales de la naturaleza que confieren a nuestro universo las características y la física que conocemos, podríamos especular sobre posibles universos, haciendo variar algunas de las constantes que describen nuestro universo en función de las otras, y nos encontraríamos rápidamente ante la imposibilidad de que pudiéramos observar un universo muy distinto del que habitamos; esta idea la desarrolla Paul Davies en su libro "el universo desbocado":

 

-"Una de las cuestiones más profundas acerca de la naturaleza del Universo en que vivimos es la de por qué es de la forma que es: por qué tienen las galaxias y las estrellas el tamaño que tienen, por qué hay noventa y dos elementos naturales, por qué el protón es 1836 veces más pesado que el electrón y no cualquier otro número , por qué la radiación térmica del big bang tiene actualmente un valor de tres grados, y no trescientos, etc…

            Las leyes de la física no determinan el valor de las cantidades físicas, ni el tamaño o el número de los objetos; tampoco determinan la organización del mundo. Aparentemente, estas características están impuestas por encima de las leyes de la física con unos valores que no parecen tener algún significado particular.

Un intento de explicación del conjunto asombroso de las características y la disposición aparentemente arbitraria del mundo físico consiste en situar el Universo dentro del contexto de una cosmología cíclica, de forma que los valores reales que observamos y la disposición y la organización del Universo en nuestro ciclo particular es tratado como una selección hecha puramente al azar.

Se supone que al inicio de cada ciclo el Universo emerge de la bola de fuego con un nuevo conjunto de valores fundamentales, y los números concretos que observamos ahora son justamente los que aparecieron esta vez.

Sin embargo, es evidente que no podríamos observar valores muy distintos de los actuales, porque la existencia de vida en el Universo depende de esos números. Por ejemplo, si la fuerza eléctrica de atracción entre los electrones y los protones de un átomo fuera demasiado intensa, las órbitas electrónicas quedarían atrapadas dentro del núcleo en una disposición muy complicada y confusa, que impediría la formación de enlaces moleculares estables.

Si la química resulta imposible, es difícil pensar cómo podría existir la vida. De forma parecida, si las fuerzas nucleares fueran sólo un poco más intensas, sería posible que dos protones se combinaran, a pesar de su repulsión eléctrica. Si fuera así, uno de ellos se convertiría rápidamente en un neutrón, emitiendo un positrón y un neutrino y dando lugar a un núcleo de deuterio. Esta transformación haría que la núcleo-síntesis del helio por combustión del hidrogeno fuera un trillón de veces más eficiente, con la consecuencia de que todo el hidrógeno del Universo se habría quemado en la bola de fuego primordial, sin que quedara nada para las estrellas. Sin estrellas estables quemando hidrógeno de modo estacionario durante miles de millones de años, es casi seguro que la vida sería imposible.

A escala cósmica, la disposición global de la materia y la energía no puede ser arbitraria. Si, por ejemplo, el calor primordial fuera mucho mayor, no podría haber planetas con agua líquida porque esta radiación de fondo sería comparable al calor del Sol. En ausencia de agua libre, es dudoso que se hubiera llegado a formar la vida.

Si la existencia de vida depende de que se cumplan determinadas condiciones naturales, no deberíamos esperar observar un Universo muy distinto del que habitamos; dicho en pocas palabras, el mundo en el que vivimos es aquel mundo en el que podemos vivir."-

 

El caso es, que solo si admitimos que el ser humano no es condición necesaria para el universo, podemos admitir la existencia de otros universos muy diferentes del que habitamos e incluso que nuestro universo sea muy diferente en el futuro (por la variación de estas constantes fundamentales, al envejecer el universo, idea propuesta por Paul Dirac*). Efectivamente, esta es la postura, hoy día de gran parte de la comunidad científica (o de al menos de aquellos que hacen más ruido), como muchos de los físicos defensores de la teoría de cuerdas.

 

Pero ¿Cómo afecta esta postura al hombre de hoy?; en mi opinión esta postura produce una seria crisis, de manera más o menos consciente, en el hombre actual, que lejos de acercarle a la comprensión de si mismo ve más lejana y embarrullada aún la respuesta a su eterna pregunta ¿qué es el hombre?, abocado a un frenesí científico lleno de incertidumbre (con conclusiones y certezas, en ocasiones más especulativas que reales) o bien a un frenesí en vivir la vida (un “carpe diem”) tratando de ignorar la pregunta, y así evitar la frustración de no saber dar una respuesta o no comprenderla.

 

En los últimos siglos, el hombre a experimentado un vuelco en su posición con respecto al cosmos, ya que antes era el sujeto central del cosmos y toda la creación, pues todo en el universo había sido hecho para un único fin, el hombre, y este (el ser humano) a su vez resumía en sí mismo y daba sentido a todo lo creado; pero ahora pretenden decirnos que el hombre es solo un efecto colateral y pasajero del cosmos, puede que bonito y extraordinario, pero solo eso. Y algunos incluso pretenden convencernos que como tales (efectos colaterales y pasajeros) debemos vivir, pero algo en lo más profundo del hombre grita, un grito sordo, y se revela.

"¡Conócete a ti mismo, oh estirpe divina vestida de humano!", Ficino.


* La edad actual del universo, dividida por el tiempo que tarda la luz en atravesar el radio de un protón, es una cifra cercana a 1040, casi igual a la proporción de las energías de la fuerza electromagnética y la fuerza gravitacional. Dirac consideró que era muy poco probable que la igualdad aproximada de estos dos números grandes fuese accidental, y dedujo que algún proceso físico debía estar funcionando para mantenerla. Como la primera cifra (la edad del universo) evidentemente cambia con el tiempo, Dirac propuso que también las "constantes fundamentales de la naturaleza" incluidas en la segunda cifra debían cambiar con el tiempo, para mantener la igualdad. 

 

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